Lecturas de la Misa

Viernes 25 de Abril 2014

Abril 25, Viernes
Viernes de la Octava de Pascua. Blanco

Antífona de entrada   cf. Sal 77, 53

El Señor hizo salir de Egipto a su pueblo y lo llevó por un camino seguro; el mar sepultó a sus enemigos. Aleluya.

Oración colecta   

Dios todopoderoso y eterno, que estableciste el misterio pascual como alianza de la reconciliación humana, concédenos manifestar en las obras lo que celebramos con fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.  Hech 4, 1-12

Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús. Éstos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde. Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil. Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: “¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?”. Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: “Jefes del pueblo y ancianos, ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue sanado, sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. Él es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. Porque en ningún otro existe la salvación, ni hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos”.

Palabra de Dios.

Comentario

Los apóstoles son apresados e interrogados por las autoridades religiosas judías que condenaron a Jesús. Lo que se disputa es una cuestión de poder. Los jefes religiosos ven como una amenaza que se anuncie un mensaje lleno de gozo y de vida, un mensaje que, al hablar de resurrección, hace que también los oyentes resuciten y se levanten de sus tumbas. Este mensaje, desde el siglo I hasta hoy, seguirá generando conflictos con jefes y dirigentes que prefieren un pueblo paralizado. Pero siempre habrá apóstoles dispuestos a anunciar el Evangelio con valentía.

 

SALMO   Salmo 117, 1-2. 4. 22-27a

R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
O bien:
 Aleluya.

 

Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor! R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él. R.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina. R.

ALELUYA   Sal 117, 24

Aleluya.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluya.

EVANGELIO

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan.  Jn 21, 1-14

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”. Él les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Palabra del Señor.

Comentario

¡Cuántas veces no reconocemos a Jesús! ¡Cuántas veces “la neblina del lago” nos impide percatarnos de su presencia! ¡Cuántas veces nuestra propia incredulidad se niega a ver al Resucitado! Por eso hace falta un corazón atento como el del discípulo amado. Quien vive en el amor, reconocerá a Jesús presente en toda circunstancia.

Oración sobre las ofrendas  

Señor Dios, realiza en nosotros, por tu bondad, lo que significan estas ofrendas pascuales, para que desde las alegrías y fatigas de la tierra, nos elevemos al deseo de los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión    cf. Jn 21, 12-13

Jesús dijo a sus discípulos: “Vengan a comer, tomó el pan y se lo dio”. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, protege siempre con amor de Padre al pueblo que has salvado por la pasión de tu Hijo, y se alegra con su resurrección. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Jueves 24 de Abril 2014

Abril 24, Jueves
Jueves de la Octava de Pascua. Blanco

 

Antífona de entrada   Sab 10, 20-21

Señor, todos celebraron tu mano protectora; porque tu sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de los más pequeños. Aleluya.

Oración colecta

Señor Dios nuestro, que has congregado pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede, a quienes han renacido en el bautismo, una misma fe y una misma caridad en sus obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.  Hech 3, 11-26

Como el paralítico que había sido sanado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón. Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: “Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Por haber creído en su nombre, ese mismo nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha sanado completamente, como ustedes pueden comprobar. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer. Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. Moisés, en efecto, dijo: ‘El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo’. Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días. Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: ‘En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades”.

Palabra de Dios.

 

Comentario

Este discurso, pronunciado en la puerta del Templo ante un auditorio formado por judíos, proclama la obra de salvación realizada en Jesucristo y la presenta como un hecho que proviene de “el Dios de nuestros padres”. Por lo tanto, la resurrección de Jesús no es un acontecimiento inconexo de la historia de salvación, sino el punto culminante del plan de Dios.

 

 

SALMO   Salmo  8, 2a. 5-9

R. ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
O bien:
Aleluya.

Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas que has creado:
¿qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies. R.

Todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

ALELUYA   Sal 117, 24

Aleluya.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluya.

EVANGELIO

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas.  Lc 24, 35-48

Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: “¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo”. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: “¿Tienen aquí algo para comer?”. Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: “Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto”.

Palabra del Señor.

 

Comentario

El Evangelio de Lucas concluye presentándonos por boca de Jesús un resumen de nuestra fe: Jesucristo murió y resucitó para el perdón de los pecados, en cumplimiento de las promesas hechas por Dios en la Sagrada Escritura. A este núcleo del mensaje cristiano, se lo llama kerygma (“anuncio”, en griego) y es el centro de la Buena Noticia que la Iglesia debe seguir anunciando hoy.

Oración sobre las ofrendas

Recibe con bondad, Señor, este sacrificio que te ofrecemos con gratitud por los nuevos bautizados, mientras imploramos tu ayuda sobre nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión   1Ped 2, 9

Ustedes son un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles 23 de Abril 2014

Abril 23, Miércoles
Miércoles de la Octava de Pascua. Blanco

Antífona de entrada     cf. Mt 25, 34

Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que todos los años nos alegras con la celebración solemne de la resurrección de tu Hijo; concédenos, por tu bondad, que este júbilo alcance su plenitud en la Pascua del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.  Hech 3, 1-10

En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada “la Hermosa”, para pedir limosna a los que entraban. Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna. Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: “Míranos”. El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina”. Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos. Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. Toda la gente lo vio caminar y alabar a Dios. Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada “la Hermosa”, y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

Palabra de Dios.

Comentario

Estos primeros cristianos llevaron la Buena Noticia, en primer lugar, a su propio ámbito, es decir, el ambiente judío al cual pertenecían. El Templo de Jerusalén seguía siendo para ellos un lugar de oración. En una nueva situación, transformados por la fuerza de la Pascua, también allí hicieron presente el poder sanador de Jesús. Y a todo aquel que se encontraba inmóvil o paralizado, lo exhortaban con energía: “¡En el nombre de Jesucristo, el Nazareno, ponte a andar!”.

SALMO   Salmo 104, 1-4. 6-9

R. Alégrense los que buscan al Señor.
O bien:
 Aleluya.

¡Den gracias al Señor, invoquen su nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas! R.

¡Gloríense en su santo nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro! R.

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido: el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos. R.

Él se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.

ALELUYA     Sal 117, 24

Aleluya.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluya.

EVANGELIO     Lc 24, 13-35

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas.  Lc 24, 13-35

El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino, hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”. Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”. “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron”. Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?”. Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once y a los demás que estaban con ellos, y éstos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

Comentario

Reconocer a Jesús provoca un cambio en el camino. Estos discípulos, que se alejaban de la comunidad, volvieron sobre sus pasos. Volvieron para el encuentro, el anuncio y la alegría compartida. Porque la fe cristiana es tal cuando se vive en comunidad.

Oración sobre las ofrendas

Acepta con bondad, Señor, el sacrificio de nuestra redención y obra en nosotros la salvación de alma y cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión    cf. Lc 24, 35

Los discípulos reconocieron al Señor Jesús al partir el pan. Aleluya.

Oración después de la comunión

Padre, los sacramentos de tu Hijo, que hemos recibido, nos renueven espiritualmente y nos conviertan en nuevas creaturas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes 22 de Abril de 2014

Martes de la Octava de Pascua. Blanco

 

Antífona de entrada cf. Ecli 15, 3-4

El Señor dio de beber a su pueblo el agua de la sabiduría; él es el apoyo de sus hijos y no desfallecerán, él los exaltará para siempre. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que nos renuevas por medio de la celebración pascual; te pedimos que acompañes a tu pueblo con los dones celestiales para que, alcanzando la perfecta libertad, goce plenamente en el cielo de las realidades por las que ahora se alegra en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

 

Lectura

Lectura de los Hechos de los apóstoles.    Hech 2, 36-41

El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos: “Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías”. Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?”. Pedro les respondió: “Que cada uno de ustedes se convierta y se haga bautizar en el Nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquéllos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar”. Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

Palabra de Dios.

Comentario

Aquellos primeros oyentes de la Buena Noticia recibieron el mensaje, aceptaron la Palabra de vida en su corazón y se hicieron bautizar. Nosotros, que hemos recibido el bautismo desde niños, tal vez hicimos un proceso diferente, porque crecimos en la fe cristiana. Sin embargo, siempre necesitamos volver a meditar sobre el núcleo de nuestra fe y convertir nuestro corazón cada día.

 

Salmo 32, 4-5. 18-20. 22

R. La tierra está llena del amor del Señor.

O bien:

Aleluya.

La palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

 

Aleluya Sal 117, 24

Aleluya. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluya.

 

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.   Jn 20, 11-18

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el cuidador del huerto, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”. Jesús le dijo: “¡María!”. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir, “¡Maestro!”. Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes’”. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Palabra del Señor.

Comentario

Al comparar los pasajes evangélicos que relatan cómo las mujeres fueron al sepulcro y se encontraron con Jesús, san Agustín se preguntaba por qué en todos ellos santa María Magdalena tuvo un rol tan destacado. En este relato según san Juan, concretamente, ella tiene un encuentro a solas con Jesús resucitado, quien le confía la misión de ir a anunciar, haciendo de ella una apóstol, una enviada. Y concluye san Agustín diciendo que ella mereció este lugar tan destacado porque, entre todas las discípulas, ella era “la más ferviente en el amor” (San Agustín, Concordancia de los evangelios, III, 69).

Oración sobre las ofrendas

Señor Dios nuestro, recibe con misericordia la ofrenda de tu familia, para que bajo tu protección, no pierda los dones recibidos y alcance los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Antífona de comunión Col 3, 1-2

Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales. Aleluya.

 

Oración después de la comunión

Escúchanos, Dios todopoderoso, y concede que tus hijos, a quienes diste la incomparable gracia del bautismo, se preparen para recibir la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes 21 de Abril 2014

Abril 21, Lunes
Lunes de la Octava de Pascua. Blanco

Esta es una semana especial ya que celebra la Octava de Pascua. Es decir, durante ocho días, celebramos la resurrección del Señor. Son ocho días, pero en realidad es solo uno, es la prolongación del tiempo de la gracia.

Antifona de Entrada    cf. Éx 13, 5. 9

El Señor hizo entrar a su pueblo en el país donde abunda la leche y la miel; que la ley del Señor esté siempre en tus labios. Aleluya.

O bien:

El Señor resucitó de entre los muertos según lo había dicho; alegrémonos y regocijémonos todos, porque él reina para siempre. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que siempre haces crecer a tu Iglesia dándole nuevos hijos, concédenos la gracia de vivir de acuerdo con la fe que recibimos en el bautismo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.   Hech 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: “Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él. En efecto, refiriéndose a él, dijo David: ‘Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia’. Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que ‘no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción’. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen”.

Palabra de Dios.

Comentario

La Resurrección es el signo de que Jesús, ese ser humano-divino, es Señor y Mesías. Dios no ha dejado que la vida intensa y entregada de su Hijo terminara en la muerte. Jesús, como Hijo, canta las palabras gozosas del salmo de David. Con la confianza puesta en que Dios quiere realizar en la humanidad la misma maravilla de la resurrección que realizó en Jesús, también cantamos nosotros.

SALMO:   Salmo 15, 1-2a. 5. 7-11

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
O bien:
 Aleluya.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: “Señor, tú eres mi bien”.
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡Tú decides mi suerte! R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.

ALELUYA  Sal 117, 24

Aleluya.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluya.

EVANGELIO

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo.  Mt 28, 8-15

Las mujeres, que habían ido al sepulcro, después de oír el anuncio del Ángel, se alejaron rápidamente de allí, atemorizadas pero llenas de alegría, y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”. Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Éstos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: “Digan así: ‘Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos’. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo”. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Palabra del Señor.

Comentario

“El poder de las tinieblas”, como lo llamó Jesús, no ahorra recursos: influencias, contactos, dinero, sobornos, todo vale para lograr sus fines. Pero la Vida no se puede ocultar. Quienes creemos en Jesús, seguiremos proclamando que él está vivo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe con bondad, Señor, los dones de tu pueblo y haz que, renovados por la confesión de tu nombre y por el bautismo, lleguemos a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión    Rom 6, 9

Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor Dios, derrama con abundancia la gracia del sacramento pascual en nuestras almas, para que nos hagas dignos de tus dones a quienes has llevado por el camino de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

“Jesús, vuelves a la vida”

Rueda la piedra que tapa el sepulcro. Jesús, vuelves a la vida.

Misterio escondido en el misterio de Dios.

Nadie fue testigo de ese momento. Te vimos morir en la cruz y luego ser depositado en el sepulcro. Vimos la piedra que tapaba la entrada. Y luego te vimos aparecer resucitado. Pero nadie vio ese momento en que tu alma se unía otra vez a tu cuerpo y ese cuerpo todo lastimado era transformado en un cuerpo glorioso.

Con tu Resurrección la muerte da su primer paso hacia atrás en una retirada que terminará en su propia muerte. “Muerte ¿dónde está tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?”.

La tumba vacía y la ausencia que anuncia que tu presencia ahora es total, plena. Estás con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Sólo quedan las vendas que señalan que estuviste muerto pero ahora vives. Por eso hay fiesta en la Iglesia porque el Hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida.

Que la fiesta de la Vida de esta noche llene las oscuridades que guarda mi interior. Que esta noche caigan las vendas que me retienen en el sepulcro.

Corre Señor la piedra que me impide salir a la vida que me ofreces.

Yo también necesito resucitar. Y sé que tú resucitas para hacerme resucitar contigo. Tu victoria es mi victoria.

Que al escuchar el anuncio pascual en la Liturgia crea firmemente en mi corazón que “Es verdad, el Señor ha resucitado” “Es verdad, el Señor está vivo”.

Que la luz de la vela que encenderé de tu cirio pascual ilumine los caminos de mis días para seguirte siempre a ti y que su luz brille en los momentos de oscuridad recordándome que aunque no te vea estás conmigo siempre.

Que la renovación de las promesas bautismales la realice con convicción, comprometiéndome a renunciar de verdad al pecado y a proclamar valientemente tu muerte y resurrección a todos los hombres.

Que el agua que será rociada sobre mi cabeza renueve mi bautismo, lave mis culpas y me dé un corazón nuevo.

Que al recibir tu cuerpo resucitado en la comunión me des la vida que viniste a traer y al reconocerte vivo en la fracción del pan proclame con todos mis hermanos que “Es verdad, el Señor ha resucitado” “Es verdad, el Señor está vivo”.

Que al salir de la celebración vuelva feliz a mi hogar proclamando por los caminos con mi alegre testimonio de vida que “Es verdad, el Señor ha resucitado” “Es verdad, el Señor está vivo”.

¡Felices Pascuas para todos!

Sábado 19 de Abril de 2014

Sábado Santo. Vigilia pascual. Blanco

Todo en esta noche invita a la alegría. La muerte no tiene la última palabra. No hemos sido creados sin sentido. Nuestro Padre quiere darnos la misma vida plena que dio a su Hijo. Hoy es día de resurgir y renovarse, es día de dejar que el Espíritu Santo reanime nuestra existencia.

Primera parte: Solemne comienzo de la Vigilia, llamado Lucernario

Bendición del fuego y preparación del Cirio

Oremos:

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has dado a tus fieles el fuego de tu luz, santifica JHS este fuego nuevo y concédenos que, por esta celebración pascual, seamos de tal manera inflamados con los deseos celestiales, que podamos llegar con un corazón puro a la fiesta de la luz eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Pregón pascual

Anuncio pascual (forma breve)

Alégrese en el cielo el coro de los ángeles, exulten los ministros de Dios, y por la victoria de un Rey tan grande, resuene la trompeta de la salvación.

Alégrese también la tierra inundada de tanta luz, y brillando con el resplandor del Rey eterno, se vea libre de las tinieblas que cubrían al mundo entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia, adornada con los fulgores de una luz tan brillante; y resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto de la mente y del corazón al Dios invisible, Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Él pagó por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán, y borró con su sangre la sentencia del primer pecado.

Estas son las fiestas pascuales, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto a nuestros padres, los hijos de Israel, y los hiciste pasar a pie por el mar Rojo.

Esta es la noche que disipó las tinieblas de los pecados con el resplandor de una columna de fuego.

Esta es la noche en que por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo, arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y agregados a los santos.

Esta es la noche en la que Cristo rompió las ataduras de la muerte y surgió victorioso de los abismos.

¡Qué admirable es tu bondad con nosotros!

¡Qué inestimable la predilección de tu amor: para rescatar al esclavo, entregaste a tu propio Hijo!

¡Pecado de Adán ciertamente necesario, que fue borrado con la sangre de Cristo!

¡Oh feliz culpa, que nos mereció tan noble y tan grande Redentor!

Por eso, la santidad de esta noche aleja toda maldad, lava las culpas, devuelve la inocencia a los pecadores y la alegría a los afligidos.

¡Noche verdaderamente dichosa, en la que el cielo se une con la tierra y lo divino con lo humano!

En esta noche de gracia, recibe, Padre santo, el sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te presenta por medio de sus ministros, en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.

Por eso, te rogamos, Señor, que este cirio consagrado en honor de tu Nombre, continúe ardiendo para disipar la oscuridad de esta noche y, aceptado por ti como perfume agradable, se asocie a los astros del cielo.

Que lo encuentre encendido el lucero de la mañana, aquel lucero que no tiene ocaso: Jesucristo, tu Hijo, que resucitado de entre los muertos brilla sereno para el género humano, y vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Segunda parte: Liturgia de la Palabra

1ª Lectura

Lectura del libro del Génesis. Gn 1, 1—2, 2

Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el primer día. Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y éste separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el segundo día. Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla, y árboles frutales que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el tercer día. Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el cuarto día. Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día. Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno. Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el sexto día. Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido.

Palabra de Dios.

Salmo 103, 1-2a. 5-6. 10. 12-14ab. 24. 35

R. Señor, envía tu Espíritu y renueva toda la tierra.

Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Estás vestido de esplendor y majestad
y te envuelves con un manto de luz. R.

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:
¡no se moverá jamás!
El océano la cubría como un manto,
las aguas tapaban las montañas. R.

Haces brotar fuentes en los valles,
y corren sus aguas por las quebradas.
Las aves del cielo habitan junto a ellas
y hacen oír su canto entre las ramas. R.

Desde lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.
Haces brotar la hierba para el ganado
y las plantas que el hombre cultiva. R.

¡Qué variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduría,
la tierra está llena de tus criaturas!
¡Bendice al Señor, alma mía! R.

Oremos

Dios todopoderoso y eterno, tú eres admirable en todas tus obras; te pedimos que quienes hemos sido redimidos por ti, comprendamos que la creación del mundo, en el comienzo de los siglos, no es obra de mayor grandeza que el sacrificio pascual de Cristo, realizado en la plenitud de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

2ª Lectura

Lectura del libro del Génesis.  Gn 22, 1-2 . 9a. 10-13. 15-18 (texto breve)

Dios puso a prueba a Abraham. “¡Abraham!”, le dijo. Él respondió: “Aquí estoy”. Entonces Dios le siguió diciendo: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré”. Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!”. “Aquí estoy”, respondió él. Y el Ángel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”. Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: “Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”.

Palabra de Dios.

Salmo 15, 5. 8-11

R. Protégeme, Dios mío, porque en ti me refugio.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Tengo siempre presente al Señor:
Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.

Oremos

Dios y Padre de los creyentes, que multiplicas a los hijos de tu promesa derramando la alegría de llegar a ser hijos de Dios, y por el misterio pascual cumples la promesa hecha a Abraham de hacerlo padre de todas las naciones; concede a los pueblos de la tierra responder dignamente a la gracia de tu llamado. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

3ª Lectura

Lectura del libro del Éxodo.  Éx 14, 15—15, 1

El Señor dijo a Moisés: “Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”. El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros. Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate a favor de ellos contra Egipto”. El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor. Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor.

(El lector no dice “Palabra de Dios” y el salmista entona de inmediato el cántico).

Salmo Éx 15, 1-6. 17-18

R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
Él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó. Él es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.

El Señor es un guerrero, su nombre es “Señor”.
Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.

El abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.

Tú llevas a tu pueblo, y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente! R.

Oremos

Dios nuestro, cuyas maravillas vemos brillar también en nuestros días, porque lo que hiciste a favor de tu pueblo elegido librándolo de la persecución del Faraón, lo realizas por medio del agua del bautismo para la salvación de las naciones; te pedimos que todos los hombres del mundo se conviertan en verdaderos hijos de Abraham y se muestren dignos de la promesa de Israel. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

4ª Lectura Is 54, 5-14

Salmo 29, 2. 4-6. 11-13

5ª Lectura Is 55, 1-11

Salmo Is 12, 2-6

6ª Lectura Bar 3, 9-15. 32—4, 4

Salmo 18, 8-11

7ª Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel.  Ez 36, 17a. 18 – 28

La palabra del Señor me llegó en estos términos: “Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones. Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo nombre, haciendo que se dijera de ellos: ‘Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país’. Entonces yo tuve compasión de mi santo nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido. Por eso, di al pueblo de Israel: ‘Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor –oráculo del Señor– cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes. Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios’”.

Palabra de Dios.

Comentario

Las lecturas del Antiguo Testamento ponen ante nuestros ojos la amorosa forma en que Dios ha ido conduciendo la historia: creación, alianza, liberación, vida nueva. Desde siempre, él ha querido la felicidad plena para cada una de sus criaturas. Esa felicidad procede de la vida misma de la Santísima Trinidad, comunión de amor.

Salmo 41, 3. 5; 42, 3-4

R. Mi alma tiene sed de Dios.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios? R.

¡Cómo iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza,
en el júbilo de la fiesta! R.

Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen y me guíen
a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas. R.

Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío. R.

Oremos

Dios de poder inmutable, cuyo resplandor no conoce el ocaso, mira con bondad a tu Iglesia, signo de tu presencia entre nosotros; prosigue serenamente la obra de la salvación humana según tu proyecto eterno, y haz que todos los hombres experimenten y vean cómo lo abatido por el pecado se restablece, lo viejo se renueva, y la creación se restaura plenamente por Cristo, de quien todo procede. Que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

Gloria

Oremos:

Dios nuestro, que iluminas esta santísima noche con la gloria de la resurrección del Señor; acrecienta en tu Iglesia el espíritu de adopción de hijos para que, renovados en el cuerpo y en el alma, te sirvamos con plena fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Epístola

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.  Rom 6, 3-11

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Comentario

Antiguamente, los cristianos se bautizaban de adultos, sumergiéndose totalmente en agua. Esta imagen de la inmersión le sirve a san Pablo para hacernos entender lo que es la Pascua: totalmente sumergidos en la muerte, hemos sido levantados con Cristo a una vida plena y definitiva. Con alegría, en esta noche pascual, renovamos la transformación que hemos experimentado en nuestro bautismo.

Salmo 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré: viviré para publicar
lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. R.

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.  Mt 28, 1-10

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba y vayan en seguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán’. Esto es lo que tenía que decirles”. Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Palabra del Señor.

Tercera parte: Letanías

Renovación de las promesas bautismales

Queridísimos hermanos: Por el Misterio Pascual, en el bautismo fuimos sepultados con Cristo para que también nosotros llevemos con él una vida nueva. Por eso, culminado nuestro camino cuaresmal, renovemos las promesas del santo bautismo, por las que un día renunciamos al demonio y a sus obras y prometimos servir al Señor en la santa Iglesia Católica.

Por tanto:

S. ¿Renuncian al demonio?

T. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian a todas sus obras?

T. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian a todos sus engaños?

T. Sí, renuncio.

O bien:

S. ¿Renuncian al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

T. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian a los engaños del mal para no ser esclavos del pecado?

T. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian al demonio, que es autor del pecado?

T. Sí, renuncio.

Si fuera preciso, puede utilizarse otra forma determinada por las Conferencias Episcopales, de acuerdo a la necesidad del lugar.

O bien:

S. ¿Renuncian a Satanás, esto es: al pecado, como negación de Dios; al mal, como signo del pecado en el mundo; al error, como negación de la verdad; a la violencia, como contraria a la caridad; al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

T. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian a las obras opuestas al Evangelio de Jesús, que son: la envidia y el odio; la pereza y la indiferencia; la cobardía y los acomplejamientos; el materialismo y la sensualidad; la injusticia y el favoritismo; el negociado y el soborno?

T. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian a los criterios y comportamientos que llevan a: creerse los mejores; verse siempre superiores; creerse ya convertidos del todo; buscar el dinero como el máximo valor; buscar el placer como única ilusión; buscar el propio interés por encima del bien común?

T. Sí, renuncio.

Después el sacerdote prosigue, diciendo:

S. ¿Creen en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

T. Sí, creo.

S. ¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de la Virgen María, padeció y fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

T. Sí, creo.

S. ¿Creen en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la Vida eterna?

T. Sí, creo.

Y el sacerdote concluye:

Y Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, y nos ha perdonado los pecados, nos conserve con su gracia en Jesucristo nuestro Señor, para la Vida eterna.

T. Amén.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Señor Dios, recibe las oraciones de tu pueblo junto con estas ofrendas, de manera que tu acción sacramental inaugurada por los misterios pascuales nos sirva de remedio para la eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Antífona de comunión cf. 1 Cor 5, 7-8

Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, esta fiesta con los panes sin levadura de la pureza y la verdad, aleluya.

 

Oración después de la comunión

Infunde en nosotros, Padre, tu espíritu de amor, para que, saciados con los sacramentos pascuales, permanezcamos unidos en la misma fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Bendición solemne

Dios todopoderoso los bendiga en esta solemne fiesta de Pascua y, por su bondad, los proteja de toda sombra de pecado. R. Amén.

Él, que por la Resurrección de su Hijo los ha renovado para la vida eterna, les conceda la recompensa de la inmortalidad. R. Amén.

Y ya que han celebrado con honda alegría esta Pascua, al terminar los días de la pasión del Señor, les conceda participar con inmensa alegría de los gozos eternos. R. Amén.

Y los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo. R. Amén.

Solemne saludo a nuestra Señora

Oremos:

Señor, que has alegrado al mundo por la Resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, concédenos que por la intercesión de su Madre, la Virgen María, alcancemos los gozos de la Vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Viernes 18 de Abril de 2014

Viernes Santo de la Pasión del Señor. Rojo

Hoy no se celebra la Santa Misa. Nuestro amigo Jesús, condenado por un acuerdo entre las fuerzas civiles y religiosas, va a ser ejecutado. Lo acompañamos en su camino y en su dolor. Simplemente, con nuestra oración, queremos estar junto a él en estos momentos.

Celebración de la Pasión del Señor

Oración

Acuérdate, Señor, de tu gran misericordia y santifica con tu eterna protección a esta familia tuya por la que Cristo, tu Hijo, instituyó, por medio de su Sangre, el misterio pascual. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

O bien:

Señor Dios, que por la Pasión de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, nos libraste de la muerte heredada de nuestros padres; concédenos que nosotros, que somos imagen del primer hombre, recibamos de tu gracia la imagen celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Primera parte: Liturgia de la Palabra

 

1ª Lectura

Lectura del libro de Isaías. Is 52, 13—53, 12

Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído. ¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor? Él creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca. Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca. El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables.

Palabra de Dios.

Comentario

Así como contemplamos a Jesucristo en la cruz, tengamos también hoy en nuestra mirada a los crucificados actuales. Existen muchos hombres y mujeres “tan desfigurados que no parecen humanos”. En ese dolor, Dios nos está hablando. Al meditar este cántico verso por verso, junto al rostro de Jesús tengamos también esos rostros dolientes. Y pongamos, también nosotros, nuestros dolores en la cruz. Confiamos en que allí nacerá algo nuevo.

 

Salmo 30, 2. 6. 12-13. 15-17. 25

R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Yo pongo mi vida en tus manos:
Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí.
Como un muerto, he caído en el olvido,
me he convertido en una cosa inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor, y te digo:
“Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos”.
Líbrame del poder de mis enemigos,
y de aquéllos que me persiguen. R.

Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor. R.

 

2ª Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos.   Heb 4, 14-16; 5, 7-9

Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno. Él dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquél que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió, por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Palabra de Dios.

Comentario

“Probado en todo como nosotros, menos en el pecado”, Jesucristo conoció todas las penurias que tenemos los seres humanos, físicas y espirituales: hambre, sed, cansancio, incomprensión de los cercanos y traición del amigo. Él conoce todo lo que nos aflige. Él lo padece con nosotros, para hacernos participar de su camino pascual.

 

Aclamación Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

 

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.   Jn 18, 1—19, 42

¿A quién buscan?

C. Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar un huerto y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó:

JHS “¿A quién buscan?”.

C. Le respondieron:

S. “A Jesús, el Nazareno”.

C. Él les dijo:

JHS “Soy yo”.

C. Judas, el que lo entregaba estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente:

JHS “¿A quién buscan?”.

C. Le dijeron:

S. “A Jesús, el Nazareno”.

C. Jesús repitió:

JHS “Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan”.

C. Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. Jesús dijo a Simón Pedro:

JHS “Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?”.

Se apoderaron de Jesús y lo ataron

C. El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”.

¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?

C. Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”.

C. Él le respondió:

S. “No lo soy”.

C. Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió:

JHS “He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”.

C. Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole:

S. “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?”.

C. Jesús le respondió:

JHS “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”.

C. Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron:

S. “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”.

C. Él lo negó y dijo:

S. “No lo soy”.

C. Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió:

S. “¿Acaso no te vi con él en la huerta?”.

C. Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

Mi realeza no es de este mundo

C. Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó:

S. “¿Qué acusación traen contra este hombre?”.

C. Ellos respondieron:

S. “Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado”.

C. Pilato les dijo:

S. “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley que tienen”.

C. Los judíos le dijeron:

S. “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”.

C. Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”.

C. Jesús le respondió:

JHS “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”.

C. Pilato replicó:

S. “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”.

C. Jesús respondió:

JHS “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”.

C. Pilato le dijo:

S. “¿Entonces tú eres rey?”.

C. Jesús respondió:

JHS “Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.

C. Pilato le preguntó:

S. “¿Qué es la verdad?”.

C. Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo:

S. “Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?”.

C. Ellos comenzaron a gritar, diciendo:

S. “¡A él no, a Barrabás!”.

C. Barrabás era un bandido.

¡Salud, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto púrpura, y acercándose, le decían:

S. “¡Salud, rey de los judíos!”.

C. Y lo abofeteaban. Pilato volvió a salir y les dijo:

S. “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena”.

C. Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Pilato les dijo:

S. “¡Aquí tienen al hombre!”.

C. Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron:

S. “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.

C. Pilato les dijo:

S. “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo”.

C. Los judíos respondieron:

S. “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”.

C. Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús:

S. “¿De dónde eres tú?”.

C. Pero Jesús no le respondió nada. Pilato le dijo:

S. “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”.

C. Jesús le respondió:

JHS “Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si esta ocasión no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave”.

¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo!

C. Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban:

S. “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”.

C. Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado “el Empedrado”, en hebreo, “Gábata”. Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos:

S. “Aquí tienen a su rey”.

C. Ellos vociferaban:

S. “¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo!”.

C. Pilato les dijo:

S. “¿Voy a crucificar a su rey?”.

C. Los sumos sacerdotes respondieron:

S. “No tenemos otro rey que el César”.

C. Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.

Lo crucificaron, y con él a otros dos

C. Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”. Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la colocó sobre la cruz. Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Yo soy el rey de los judíos’”.

C. Pilato respondió:

S. “Lo escrito, escrito está”.

Se repartieron mis vestiduras

C. Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí:

S. “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”.

C. Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados.

¡Aquí tienes a tu hijo! ¡Aquí tienes a tu madre!

C. Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo:

JHS “Mujer, aquí tienes a tu hijo”.

C. Luego dijo al discípulo:

JHS “Aquí tienes a tu madre”.

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como suya.

Todo se ha cumplido

C. Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo:

JHS “Tengo sed”.

C. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús:

JHS “Todo se ha cumplido”.

C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

(Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración).

En seguida brotó sangre y agua

C. Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ninguno de sus huesos”. Y otro pasaje de la Escritura, dice: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.

Envolvieron con vendas el cuerpo de Jesús y le agregaron la mezcla de perfumes

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús –pero secretamente, por temor a los judíos– pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.

Comentario

Ante la pregunta de Pilato, los jefes religiosos respondieron: “No tenemos más rey que el César”. Así quedaba claro a quién estaban dispuestos a honrar y a servir. Nosotros ahora contemplamos a nuestro rey. Su dolor y su entrega nos conmueven. Cuando los ritos hayan pasado y volvamos a la vida cotidiana, en el día a día de la existencia se presentará la disyuntiva: ¿a qué rey queremos servir? Este rey nuestro es el sufriente, el que se entrega generosa y libremente para dar vida.

Oración Universal

I. Por la santa Iglesia

II. Por el Papa

III. Por el pueblo de Dios y sus ministros

IV. Por los catecúmenos

V. Por la unidad de los cristianos

VI. Por los judíos

VII. Por quienes no creen en Cristo

VIII. Por quienes no creen en Dios

IX. Por los gobernantes

X. Por los que sufren

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso por todos los que sufren las consecuencias del pecado en el mundo, para que aleje las enfermedades, alimente a los que tienen hambre, redima a los encarcelados, libere de la injusticia a los oprimidos, dé seguridad a los viajeros, conceda el regreso a los ausentes, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.

(Oración en silencio. Prosigue el sacerdote con las manos extendidas):

Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fuerza de los atribulados, lleguen hasta ti las súplicas de los que te invocan en cualquier necesidad, para que puedan alegrarse al experimentar la cercanía de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Segunda parte: Presentación y Adoración de la santa Cruz

Tercera parte: Sagrada comunión

 

Oración después de la Comunión

Dios todopoderoso y eterno, tú nos has redimido por la santa muerte y la resurrección de Jesucristo; mantén viva en nosotros la obra de tu misericordia para que, por la participación en este santo misterio, permanezcamos dedicados a tu servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

 

Oración sobre el Pueblo

Te pedimos, Señor, que descienda una abundante bendición sobre tu pueblo, que ha recordado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su Resurrección: llegue a él tu perdón, concédele tu consuelo, acrecienta su fe y asegúrale la eterna salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Jueves 17 de Abril de 2014

Misa vespertina de la Cena del Señor

En la Misa Crismal, los sacerdotes de cada diócesis se reúnen con su obispo para renovar sus promesas sacerdotales. Acompañamos con nuestra oración a quienes tienen la tarea de pastorear la Iglesia siguiendo el ejemplo de Jesús, Buen Pastor.

 

Antífona de entrada cf. Gál 6, 14

Debemos gloriarnos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección; por él hemos sido salvados y redimidos.

 

Oración colecta

Dios nuestro, reunidos para celebrar la santísima Cena en la que tu Hijo unigénito, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el nuevo y eterno sacrificio, banquete pascual de su amor, concédenos que, de tan sublime misterio, brote para nosotros la plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos

 

1ª Lectura

Lectura del libro del Éxodo.    Éx 12, 1-8. 11-14

El Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año. Digan a toda la comunidad de Israel: ‘El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia. Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente. Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman. Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas. Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor. Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto. Éste será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua’”.

Palabra de Dios.

Comentario

“La noche del Éxodo señala una fiesta histórica; en realidad la fiesta histórica más importante del mundo. No es una celebración de piadosa memoria, sino un acontecimiento contemporáneo para quienes lo celebramos. Cada generación que celebra permanece unida a la primera generación y a todos los que han celebrado desde entonces” (Martin Buber, Moisés).

 

Salmo 115, 12-13. 15-16bc. 17-18

R. ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?

O bien:

El cáliz que bendecimos es la comunión de la Sangre del Señor.

¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor. R.

¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor,
lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo. R.

2ª Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.  1Cor 11, 23-26

Hermanos: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía”. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Palabra de Dios.

Comentario

La carta, escrita probablemente alrededor del año 55 d.C., es un testimonio de esta práctica que recibe diversos nombres: Eucaristía, Cena del Señor, Fracción del Pan, Misa. Desde sus inicios, la Iglesia tuvo como celebración central dentro de la semana esta memoria de la última cena comunitaria de Jesús. Somos parte de esta tradición que no se ha roto, porque muchos creyentes antes que nosotros la han conservado aun en medio de las persecuciones y las hostilidades. Y se conservará hasta que el Señor vuelva.

 

Aclamación Jn 13, 34

“Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”, dice el Señor.

 

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.   Jn 13, 1-15

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, éste le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”. Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”. “No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”. “Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”. Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”.

Palabra del Señor.

Comentario

La mesa compartida es la ocasión para que las vidas se revelen. La vida de Jesús es puro amor, y así lo será hasta el final, amando con el servicio humilde y cariñoso. Nuestras misas también son reveladoras de la vida de nuestra comunidad. Pueden ser solamente un rito externo, o verdadera expresión de una comunidad que se ama. Si es así, este amor se extenderá fuera de la celebración, cuando salgamos al encuentro de aquel que está esperando el servicio y el gesto cariñoso que dignifique su vida.

 

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, participar dignamente de estos misterios, pues cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Antífona de comunión cf. 1Cor 11, 24-25

Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Esta copa es la nueva alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que beban de ella, háganlo en memoria mía.

 

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, te pedimos que, así como somos alimentados en esta vida con la Cena pascual de tu Hijo, también merezcamos ser saciados en el banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes 15 de Abril de 2014

Martes Santo. Misa del día. Morado.

 

LECTURA

Lectura del Libro de Isaías.  Is 49, 1-6

¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. Él hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. Él me dijo: “Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré”. Pero yo dije: “En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza”. Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el vientre materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. Él dice: “Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”.

Palabra de Dios.

Comentario

El servidor de Dios no puede contentarse con su condición de servidor, o con una misión circunscripta a su propio entorno. Él necesita ir más allá, superar los límites, buscar algo más de lo que tiene o cree que tiene como misión primaria.

SALMO Sal 70, 1-4a. 5-6ab. 15. 17

R. Mi boca anunciará tu salvación, Señor.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! R.

Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el vientre materno fuiste mi protector. R.

Mi boca anunciará incesantemente tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

 

EVANGELIO

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan. Jn 13, 21-33. 36-38

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere”. Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. Jesús le respondió: “Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato”. Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: “Realiza pronto lo que tienes que hacer”. Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: “Compra lo que hace falta para la fiesta”, o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?”. Jesús le respondió: “Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”. Pedro le preguntó: “¿Señor, por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le respondió: “¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”.

Palabra del Señor.

Comentario

En medio de una situación tan crítica, de entregas y traiciones, Jesús se muestra en confianza e intimidad con un amigo. El amigo se recuesta, pregunta, dialoga. Hay tiempo para expresar la amistad y buscar al amigo en el cual apoyarse.

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